5 DE ENERO DE 2015
5 DE ENERO DE 2015
 

 
5 DE ENERO DE 2015
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Ayer me despedí para siempre de una de las mujeres importantes en mi vida. No ha tardado mucho 2.015 en darnos el primer zarpazo de dolor, pero así es la vida.

Nos queda el consuelo de tu presencia entre nosotros. Del día a día en que durante tus casi 93 años de vida dejaste clara tu fortaleza ante las dificultades, tu constancia, tu humildad ejemplar, tus ganas de vivir a pesar de las tragedias sufridas y sobre todo, tus infatigables deseos de llegar siempre un poco más allá, de hacer algo más, de sacarle a la vida un día más, de no rendirte nunca, de disputarle incluso a la misma muerte en su propia cara, un momento más de vida.

Sólo la inexorable fuerza del destino del ser humano, que no es otro que el de pasar por la vida y marcharnos llegado el momento dejando sólo nuestras obras y nuestro recuerdo, pudo con tu incansable voluntad. Pero así está escrito y así es nuestro destino.

Ahora, tras tu despedida, dejas un hueco que sólo se llena con el consuelo de los recuerdos de muchos años de convivencia y la conformidad de la que gozamos los cristianos de que hoy te has reencontrado ya con aquellos que ya partieron de tu vida antes de tiempo: Tu marido Eugenio, tu hija Francisca, tu hijo Quico y tu hija Eugenia. Y que con ellos, vives hoy ya en la Eternidad gozosa reservada a liberarnos del dolor y de las miserias mundanas.

Yo, por mi parte, sólo puedo expresar mi admiración por tu fortaleza y que has honrado mi casa con tu presencia a pesar del dolor y de la enfermedad de los últimos meses de tu vida.

Llevas ganada la Gloria ya desde este mundo y no me cabe duda de que Dios ya te la ha concedido, pues te la ganaste en vida sobradamente, demostrando tu inquebrantable fé en Él.

Hoy sólo puedo ya decirte ….Vé con Dios, Eusebia, que Él te espera con los brazos abiertos y las puertas del Cielo de par en par. Descansa en Paz, suegra.

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Juan José
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